Las Asociaciones privadas de protección de los Castillos en Bélgica
Bélgica, llamada antiguamente los Países Bajos para diferenciarlos de las denominadas "Provincias Unidas" que deseaban no estar sometidas a la soberanía de los Hasburgo de España en el siglo XVI, es un país paradójico desde el punto de vista arquitectónico. Mientras que sus ciudades históricas, como Brujas, Gantes, Amberes o Malinas, han adquirido una reputación universal, nada hace pensar que es también un país de castillos e incluso que éstos fueron la arquitectura dominante entre los siglos XVI al XIX.


En efecto, cuando los Países Bajos del norte se orientaban hacia una economía moderna, basada en el comercio y la expansión colonial, Bélgica, que había vuelto bajo el manto católico, se encontraba atada a la tradición y al feudalismo. Mientras que las guerras religiosas destrozaban el norte de Europa entre 1560 y 1648, en España se desconfiaba de la alta nobleza, cuya lealtad a la Corona había conocido algunas "excepciones culturales". La ejecución de los Condes de Egmont y de Hornes en 1568 y la "conspiración de los nobles"de 1634 son los episodios más célebres. Para equilibrar su poder que era considerable, Madrid favorecía a la clase media aristocrática y a una clase de hombres nuevos que emergía de la burguesía de las ciudades. Como se sabe, los advenedizos son más peligrosos que otros para reivindicar sus "derechos". Así, el campo belga se vio totalmente dominado por los tagarotes medianamente ricos que se construían casas bastante amplías. En la zona de Namur y en las Ardenas sobrevivían señores pobres, de origen a menudo antiguo, que no tenían dinero para edificar "castillos-granjas" en piedra, mezcla de explotación agrícola, de justicia feudal y de caserones inspirados en la Edad Media por los abusos ornamentales y de torres que recordaban los torreones. En Flandes, la ausencia de materiales favorecía la construcción de residencias de teja, abiertas sobre pequeños jardines (muy cuidados) a la holandesa. En el campo no había palacios como en Francia o en Inglaterra. Sin embargo, algunos señores internacionales, cuyo "cursus honorum" se prolongaba a menudo más allá de los Países Bajos (en este punto los Hasburgo de España y de Austria aplicaban la política de la antigua Roma que consistía en alejar a los poderosos de sus bases de influencia) han dejado monumentos que todavía impresionan a pesar de haber sido arrasados por las guerras.

La guerra ha sido, en efecto, el urbanista más disciplinado de la historia belga. Ciertos castillos fueron incendiados o destruidos tres o cuatro veces en tres siglos. Cuando los vándalos no erraban en las provincias mal controladas por un gobernador español, desprovisto de dinero y de soldados, las tropas de las grandes potencias venían a practicar sobre nuestro territorio. El campeón absoluto de la destrucción y del cañoneo fue Francia, en su lucha perpetua contra los Hasburgo. Pero podemos también citar la frase inquietante del condotiero de güeldres Martin van Rossum, quien declaraba hacia 1540: "El incendio es el magnificat de la guerra". Añadamos que en pleno centro de los Países Bajos se encontraba un principado eclesiástico independiente, el de Lieja, que se había convertido en el siglo XVII en uno de las más grandes productores de armas de Europa y cuyos obreros, siguiendo a Louis de Geer, se marcharon a Suecia para fundar la flota y la industria siderúrgica del reino de los Wasa.

Después del tratado de Utrecht en 1713 y sometidos al dominio austriaco, los Países Bajos conocieron una gran prosperidad durante el reinado de Carlos VI y Mª Teresa. Pero con un sistema social a la vez tradicional y de propiedad dividida, esta nueva riqueza tuvo como consecuencia la construcción de varios hoteles-pensiones y de pequeños castillos sencillos y refinados, sobre todo en la zona de Lieja. El fenómeno de Versalles no tuvo ninguna influencia en Bélgica.
Como contrapartida, la industrialización sorprendió a la región (convertida en reino de Bélgica en 1831) y provocó el desarrollo de una serie de impresionantes fortunas, que naturalmente se transformaron en esos castillos a la inglesa que nuestras abuelas llamaban "monstruos" dado su gigantismo y su decoración un poco alocada. El siglo XIX es la época del gran surgimiento de castillos de Bélgica. Por desgracia, las dimensiones desproporcionadas de estas construcciones y el número considerable de edificios de estilo "ecléctico" han llevado al abandono y a la decadencia de la mayor parte de ellos. La misma industrialización, basada en el carbón, el acero y el ferrocarril, desfiguró totalmente algunas regiones del país y fue la causa de la ruina de numerosos castillos históricos.


Ante esta situación, se creó en 1934 "L´Association (Royale) des Demeures Historiques de Belgique": es decir, la Asociación (Real) de Casas Históricas de Bélgica, que tenía como objetivo, en un principio, salvaguardar los edificios más amenazados por la evolución de la sociedad y que no se interesaba por nada que fuera anterior al siglo XVIII. A partir de 1948, la Asociación se convirtió en propietaria de castillos. La pequeña fortaleza de Beersel, cerca de la capital, le fue donada por el organismo que la había salvado de su decadencia. En 1953, fue el castillo de Laarme, cerca de Gantes, cedido por el conde de Ribaucourt, después Fraiture (s.XVIII, totalmente destruido por un incendio después) y Aigremont, cerca de Lieja. Todos estos monumentos han sido perfectamente restaurados y amueblados por la Asociación. En el de Laarme se encuentra una de las más prestigiosas colecciones de cubertería y objetos de plata.


Además de los consejos jurídicos y fiscales a sus miembros, la Asociación que preside el Príncipe Alexandre de Merode, edita una revista: "Casas de Ayer y de Hoy" y organiza actividades culturales: visitas, conciertos, viajes por Europa, etc.
En los años setenta, se vio la necesidad de establecer un diálogo abierto y bien argumentado con las diferentes Administraciones Públicas. Propietarios cooperantes crearon "Patrimonio Histórico Privado", cuyos representantes (entre otros el Conde Ghislain d´Ursel, propietario del soberbio castillo de Hex y actual Presidente de la U.E.H.H.A.) dirigen, cada uno en su región lingüística, las negociaciones ante los poderes públicos competentes con vistas a obtener mejoras jurídicas, administrativas y fiscales así como a presentar de una manera homogénea el punto de vista del propietario. Se ve relevada en su trabajo por parlamentarios que son sensibles al problema y por el que la opinión pública belga se interesa bien poco. La dificultad en obtener mayorías cualificadas en un Estado Federal complejo donde los partidos se encuentran atomizados y se polarizan sobre sujetos "populares" exige este diálogo, a menudo discreto, que perdería toda su eficacia si estuviese demasiado mediatizado.


Estos contactos han permitido en los años ochenta que se creara la "Asociación para la Protección del Patrimonio Cultural Inmobiliario", que ha recibido el aval del Ministerio de Hacienda y la deducción fiscal. Nada impide a un propietario privado hacer una donación a esta Asociación, que según los límites impuestos por la Ley se deducirá de su renta y sirve posteriormente a la ejecución de las obras de restauración o habilitación (calefacción, etc.) de su propia casa.
Después de numerosos años, la "Asociación para la Protección de Parques y Jardines", debida a la iniciativa del arquitecto René Pechère y de la princesa de Ligne, prosigue paralelamente una función de puesta en valor y de salvaguardia de estas arquitecturas vegetales. Así, algunos jardines excepcionales, como los de Beloeil ó d´Annevoie, han obtenido el estatus de "monumento", lo que les permite beneficiarse de una tasa de subvención mucho más importante.


Al lado de estas iniciativas privadas, las regiones han puesto en marcha sistemas de salvaguardia del Patrimonio en general. Es de reseñar la lista del Patrimonio Mayor de Valonia establecida a petición del ministro Collignon y que una parte de nuestros principales castillos históricos se beneficien en ciertos casos de subvenciones, pudiendo llegar hasta el 95% del coste de las obras de restauración, lo que es de seguro la ayuda pública más favorable que existe en Europa.
Tanto las asociaciones como los poderes públicos se han dado cuenta más que nunca desde hace poco que las autoridades no estarían financieramente en condiciones de salvaguardar el patrimonio que representan los castillos privados sin la presencia "in situ" de propietarios o mecenas que dan lo mejor de ellos mismos para el mantenimiento cotidiano de los edificios. Existe una evolución, que desgraciadamente no ha llegado todavía a la opinión pública para ayudar al máximo a los propietarios que permanecen en la casa que han heredado o que la han comprado valientemente.


El Marqués de Trazegnies